El Momento de la Verdad

Como dicen los marquetinianos, The Moment of Truth (MoT). Os relato la historia del periodo en el que tome la decisión de afrontar el proyecto.

Mayo de 2013. Acabábamos de pasar unos días en familia en Lanzarote. Ha sido un año duro en el cambio de trabajo y la entrada en comité de dirección de Cognicase (de remarcar que era una de las pocas empresas de consultoría que creció el último año casi un 25 % y con un tamaño que empieza a competir con los grandes, unos 600 empleados). En el viaje maduro la posibilidad de emprender el proyecto civitana.org en serio y con total dedicación. Lo hablo con Monica (mi mujer) por encima, como se empiezan a hacer las cosas.

Junio de 2013. Llevo algunas semanas enviando el plan de negocio a alguna empresa amiga de capital semilla, lo comparto con algunos amigos, que básicamente me intentar quitar la idea de la cabeza al arriesgar un trabajo muy bien pagado en la cúspide de mi carrera profesional. Hablo con algunos bancos, ICO, Avalmadrid. Nada de nada. Garantías y más garantías, que obviamente no tenemos. Hablo con un amigo, que tiene una startup tecnológica en San Francisco. Acaban de inyectarle dos millones de dólares, pero aun así, se queja porque, las series A (capital semilla) no están funcionando bien. Ni si quiera en la cuna de los emprendedores tecnológicos.

Mediados de junio de 2013. Pienso que la idea gusta. Tengo la certeza de que es el momento y también de que las personas más cercanas no toman completamente en serio. Hablo con Monica. Estoy decidido a abandonar el trabajo y hacer una apuesta por el proyecto. La situación familiar que planteo para los siguiente 18 meses no es muy halagüeña.Como mínimo reducir los gastos familiares casi un 60%, lo que significa recortes drásticos en un nivel de vida que tenemos. Además tenemos que contemplar gastarnos los ahorros de nuestra vida. Nos preocupan sobre todo los niños y que no les falte lo básico. Decidimos que podríamos abordarlo, con un riesgo de fracasar, pero que puede merecer la peña si el sueño se cumple, o al menos lo intentamos.

Podría decir que convencí a Mónica para avanzar, pero la realidad es que no tuve que hacerlo. Ella me conoce desde hace muchos años y sabe lo que siento a la perfección. Probablemente mejor que yo. Me adquirió con todo. Además, firmó un contrato en la iglesia que “para lo bueno y para lo malo”. Fuera de broma, me animo a hacerlo, porque en definitiva sabe que es la única forma de verme completamente realizado y feliz. Contare en alguna otra ocasión lo importante que es tener un compañero de vida a tú lado que te entiende y te apoya incondicionalmente.

Conclusión: Decisión tomada, ahora queda decidir “el cuándo”.

20 de Junio. Recuerdo el día, porque llevaba días desgranándome el cerebro en que lo haría pasado el verano, septiembre. Esperaría la época estival, disfrutaría de algunos días de vacaciones tranquilamente, planificando el resto del año, viendo las alternativas de buscar la financiación para el proyecto (todavía sin resolver) y en fin, con un poco de calma.

El 20 de junio me levante un poco desanimado. No me gustan los tiempos muertos. Creo que se llaman así bien porque estás perdiendo vida. Cogí mi moto para meterme en el atasco de la m30 en su nudo sur para asistir a un trabajo que me dejo de llenar al poco tiempo de comenzar. Cuando constaté que la consultoría en este país está totalmente degradada. Con un desafío para una recuperación de un sector  que no está en mi mano, que en este momento me apetecía afrontar, porque realmente lo que necesitaba es un cambio drástico, un cambio de verdad.

Km 9, dirección Avda.Manoteras. Recuerdo exactamente el punto kilométrico porque en diciembre del año anterior tuve un accidente con mi anterior moto y me dejo tirado allí durante más de una hora. Sobre las 8.30 me pregunte, (a lo Mourinho): ¿Por qué? ¿Por qué voy a esperar a septiembre? ¿Qué razones de verdad tengo? ¿Qué me ata a perder dos meses de tiempo?. De aquí salió la respuesta. El día 28 negocie la salida. El día 9 de julio, tras una dura negociación de salida con mi jefe (que apreciaba),

¡era libre!. Ya no había marcha atrás y lo mejor, estaba encantado.

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